Los tatuajes afectan al sistema inmunitario y a la eficacia de las vacunas en ratones

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Los tatuajes pueden hacer más que decorar la piel. La tinta inyectada en el cuerpo parece generar una carga sobre el sistema inmunitario y afectar la respuesta frente a enfermedades, según estudios realizados en animales.

En las últimas dos décadas, el tatuaje permanente ha ganado popularidad, especialmente en países occidentales. Casi una de cada cinco personas en el mundo tiene al menos un tatuaje, siendo Estados Unidos el país con mayor prevalencia, con más del 30% de la población tatuada. A medida que esta tendencia crece, la relevancia de la seguridad de los tatuajes para la salud pública aumenta de manera proporcional. Sin embargo, pese a su popularidad, recién ahora los investigadores están descubriendo que los tatuajes pueden tener un impacto en la salud.

¿Cómo funcionan los tatuajes?

Los tatuajes implican la inyección de tinta en la capa más profunda de la piel, conocida como dermis, mediante agujas que producen pequeñas punciones.

La dermis es un tejido activo, rico en células del sistema inmunitario. Cualquier componente extraño que llegue a la dermis —ya sean microbios, toxinas o incluso suciedad— es detectado por células centinela. Estas células inmunitarias se activan y desencadenan una orquesta de reacciones inflamatorias e inmunológicas destinadas a reparar la piel y eliminar las partículas extrañas. En particular, un tipo de célula llamada macrófago fagocita moléculas extrañas, así como células muertas o infectadas, y las degrada mediante potentes enzimas y ácidos.

La permanencia de los tatuajes se logra utilizando pigmentos que el organismo no puede eliminar. Las tintas para tatuajes, a menudo compuestas por mezclas complejas de aglutinantes de pigmento, disolventes y aditivos —siendo frecuente que los tatuajes de colores contengan pigmentos orgánicos industriales originalmente destinados a plásticos, barnices o pinturas—, son resistentes a este proceso digestivo.

Las moléculas de tinta son captadas por los macrófagos, pero no pueden ser destruidas. En su lugar, el macrófago muere y libera la tinta, que es nuevamente captada por otro macrófago, y así sucesivamente, lo que mantiene la tinta en su lugar. Según estudios en ratones, este proceso puede generar inflamación que podría debilitar las defensas del organismo.

La tinta del tatuaje viaja con el sistema inmunitario

La tinta del tatuaje permanece en el sitio de aplicación en la piel, pero también puede desplazarse por el organismo y acumularse en el sistema linfático, donde puede permanecer durante años, según estudios en ratones. El sistema linfático desempeña un papel crucial en la inmunidad. En el interior de los ganglios linfáticos, el pigmento de la tinta es fagocitado por macrófagos, pero sigue sin poder degradarse. Esto conduce a una inflamación crónica que puede persistir durante meses o años y ejercer un estrés continuo sobre el sistema inmunitario, provocando aumento del tamaño de los ganglios linfáticos y diversas reacciones adversas relacionadas con la inmunidad.

Los investigadores han observado dos fases de respuesta inmunitaria: una inflamación aguda poco después del tatuaje, que puede durar hasta dos meses, y una fase crónica más prolongada asociada con la activación de células inmunitarias en los ganglios linfáticos. Además, la presencia de tinta de tatuaje en el sitio de inyección de una vacuna puede modular la respuesta inmunitaria a la vacunación. En ratones, tras la realización de un tatuaje, la respuesta inmunitaria a las vacunas contra la COVID-19 se debilitó, con una reducción en la producción de anticuerpos; sin embargo, las mismas tintas parecieron potenciar la respuesta frente a una vacuna antigripal inactivada por radiación UV, lo que refleja diferencias en los mecanismos de acción entre estas clases de vacunas.

Considerando la creciente tendencia al tatuaje en la población, estos estudios en animales sugieren que se necesita más investigación para orientar los programas de toxicología, a los responsables de políticas públicas y al público general respecto de los posibles riesgos y efectos a largo plazo de los tatuajes sobre la respuesta inmunitaria. En los últimos años también han surgido preocupaciones sobre posibles vínculos entre los tatuajes y el cáncer. Un estudio danés con gemelos, publicado en enero de 2025, informó que las personas con tatuajes presentaban mayores riesgos de cánceres cutáneos, como melanoma y carcinoma escamoso, así como linfoma. El riesgo aumentaba en quienes tenían tatuajes de tamaño superior al de la palma de la mano. En 2024, un estudio sueco realizado en casi 12.000 personas encontró que quienes tenían tatuajes presentaban un 21% más de riesgo de linfoma maligno en comparación con quienes no estaban tatuados.

La regulación de las tintas para tatuajes es menos estricta que la aplicada a la industria farmacéutica u otros productos destinados al uso humano. El riesgo toxicológico de los componentes presentes en estas tintas sigue siendo motivo de preocupación. A pesar de que estas sustancias ingresan al organismo y afectan al sistema inmunitario, los datos toxicológicos disponibles siguen siendo limitados, y los estudios in vivo sobre cómo interactúan con el cuerpo humano lo son aún más.

Nota publicada originalmente en https://www.understandinganimalresearch.org.uk y traducida al español para su publicación en Bioterioscom

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