ExpoBioterios 2025: Previa, Turismo y Preparativos Finales
Noticias Blog 08 July 2025Cada ExpoBioterios tiene una receta parecida. Buscamos una sede en donde aterrizar. Nos ponemos en contacto con alguien de confianza, idealmente que sea alguien con el que hayamos compartido eventos en el pasado y que tenga un nombre y una reputación. En este caso se trató de Martín G, alguien a quién conocí hace años en la AMCAL de Veracruz (2013), o en el AALAS de Denver (2009), no tengo precisión del momento pero ha sido hace varios años. Un dato no menor, es que Martín es el único que ha estado presente en todas las ediciones presenciales de ExpoBioterios: Medellín, Ciudad de México, San José de Costa Rica, algo que lo hace más especial aún. El conoce el evento desde adentro y nos ha visto en acción (para bien y para mal). Finalmente, luego de meses de reuniones con Martín y su gente (Alejandra, María Antonieta y Maru) había llegado el día de viajar. Otra vez a tras mano, desde el frío al calor. No tenía mucha ropa para poner en la maleta (valija), me refiero a ropa que me hiciera sentir bien y cómodo, así que tuve que salir a comprar de forma desesperada para vestirme a la altura pero sólo conseguí una camisa de manga corta. La temporada de verano había terminado hace meses en Valdivia y obviamente todo lo que estaba a la venta estaba enfocado en el invierno actual. Revisando, probando (cada vez estoy más gordo), al final no estaba tan mal de ropa y como suele suceder en estos casos “me las arreglé” para viajar con la confianza de que iba a estar a la altura.

Empezaba una nueva misión. Mi primer vuelo (1h 30 minutos) desde Valdivia a Santiago. Me alojé en un hotel cercano al aeropuerto. Solo me alcanzó para trabajar un rato con la compu y cenar bien. A las 4am me venían a buscar para llevarme al aeropuerto y no me quise arriesgar a acostarme y quedarme dormido. El avión a Ciudad de México (casi 8h) resultó más duro de lo pensado. El asiento era incómodo. No podía dormir más de 10 minutos hasta que alguien que pasaba por el pasillo me chocaba y me arrancaba de mi intento de evadir el paso lento de los minutos (me hubiera gustado decir horas). Iba en un avión pero el tiempo no se iba volando pensé por un instante. No tenía ganas de mirar películas ni de comer. Solamente quería llegar, así que miraba el mapa en la pantalla, ese que va desde el punto de salida hasta el de llegada.

Algo interesante es que con Hernán S íbamos a llegar casi a la misma hora. Él viajando desde Barcelona y unas 11hs. Hernán llegó muy rápido y ya estaba listo para subir al auto que nos esperaba en el aeropuerto. Yo tuve que esperar que el avión se acomodará. Esperé bastante en migraciones y para mi sorpresa me dieron bastantes vueltas para ingresar al país. Me pidieron una carta de invitación de la Universidad que no tenía pero en fin, no había motivos para impedirme la entrada. Encontrar la cinta donde estaba mi equipaje fue un suplicio. Estaba en un sector “especial” a varios metros del resto, caminé cuadras enteras hasta llegar. No me revisaron el equipaje (¡al fin una buena!). Finalmente me encontré con mi amigo Hernán S después de un año. Nos esperaba un auto que nos iba a llevar a la ciudad de Querétaro. México nos recibía con lluvia y el paisaje se repetiría en las próximas horas. El responsable al parecer era el Huracán Erick que estaba azotando las costas y alterando la meteorología de la zona.
El Hotel Hampton by Hilton era muy moderno, cercano a la UNAM y ubicado en una zona estratégica para ir a comer y comprar sin caminar mucho. En la habitación nos esperaba una carta de parte del hotel (¡escrita a mano!) con un vino de regalo. No veía la hora de cambiarme la ropa y darme una ducha. Tenía que resetearme. Afuera seguía lloviendo y estaba hasta frío. Ya en el bar del hotel nos quedamos mirando el paisaje a través de un vidrio. Ninguno de los dos había puesto abrigos en el equipaje y el pronóstico era de lluvia para toda la semana.


Llegó Martín G, nos abrazamos y nos fuimos a recorrer un poco la ciudad con su auto. Eran nuestro reconocimiento del terreno. Hernán tenía ganas de ir a comer a algún lugar con música en vivo. Yo más bien quería conversar un poco sin tanto “ruido” de fondo. Fuimos a una parrilla (estilo mexicana) con varios sectores, cada uno con su escenario. Apenas nos ubicamos en una mesa llegaron los músicos para ofrecernos a los presentes un repertorio bien mexicano. Comí con precaución, necesitaba tener una semana tranquila en lo digestivo, mi última experiencia en México no había sido buena en este aspecto. Cero salsas, cero comidas “no convencionales”, cero bebidas caseras, cero frutas exóticas, cero cero cero.


A la salida Martín nos llevó a conocer “Los Arcos” algo de lo que voy en detalle en otro informe. Se veían preciosos de noche. Pasamos por el centro de la ciudad, calles empedradas, casas bajitas, iglesias, plazas y una atmósfera difícil de describir pero que me transmitía mucha paz e historia. Era un poco volver al pasado entre tanta inteligencia artificial. Hernán se perdió todo esto, el “Jet Lag” lo venció y se durmió en el auto.
Nos volvimos al hotel. Trabajé un poco en algunos detalles del Congreso. Varios archivos Excels abiertos, correos respondidos, WhatsApps leídos. Y a dormir.
Con Hernán nos coordinamos para desayunar. Me quedé dormido. Sonaron todos los despertadores pero no hubo caso. Pude llegar a tiempo para comprobar que no iba a tener una semana fácil, no era un desayuno muy compatible con mis gustos: ¿El jamón y queso dónde diablos estaban? Tuve que improvisar con tostadas con mantequilla para engañar un poco al estómago y alguna cosa dulce que no tenía gusto a nada. Aclaro que yo soy el complicado pero no me estaban ayudando mucho tampoco.

Martín quedó en pasarnos a buscar cerca del mediodía, la lluvia (y nuestra preocupación) seguía. Íbamos rumbo a Bernal, a conocer un monolito. Según pude averiguar se podría tratar del más alto del mundo por encima del Peñon de Gibraltar y el Pan de Azúcar. Otros dicen que es el segundo. En fin. Top 3 para dejar a todos contentos. Bajamos del auto, nos mojamos un poco hasta llegar a un techo y nos subimos a una moto/auto, grande para moto, chico para auto y nos dirigimos hacia arriba, el vehículo iba con la lengua afuera, contando el chofer éramos cuatro, más de 400kg en subida pero la moto-auto se las arregló para dejarnos más cerca del Monolito. Sacamos muchas fotos, recorrimos la zona (muy pintoresca) y decidimos bajar a pie.







Empezó a diluviar y nos refugiamos en un puestito de comida típico mexicano. Solamente tomé una cerveza. Si la idea era esperar a que pare de llover teníamos para rato. Salimos a enfrentar nuestro destino y camino abajo paramos en un puesto para comprar pancito caliente con queso (riquísimo) y para comprar unos chapulines. Los tenía en la mano y justo antes de meterme el bicho en la boca (no sean mal pensados) escuché a Hernán y a Martín decir que estaban muy picantes. Devolví el chapulín a mi mano y los entregué a mis compañeros. Ya tendría tiempo de probarlos en otra ocasión.


Desde allí nos fuimos en auto a un restaurant precioso, con vista al lago, la especialidad de la casa era el pescado y los mariscos. Me comí un rico salmón con papas francesas (las papas fritas).

Volvimos al hotel. No había planes para la noche pero mientras tanto me puse a revisar y contestar correos, actualizar planillas, escuchar y enviar audios por WhatsApp hasta que se me ocurrió escribirle a Hernán. No respondía y ya empezar a caer la noche. Hernán no volvió a responder hasta el otro día. Decidí pedirme una hamburguesa que tardó dos horas en llegar. Estaba helada y ya era cerca de la medianoche. Me conseguí un microondas en la recepción del hotel y comí de forma bastante decente. Me fui a dormir. Al otro día empezaba la acción.

Me encontré con Hernán para desayunar. El pobre estuvo despierto toda la noche. Seguía con el horario de España encima.
Empezaba un día especial. Nos iba a venir a buscar María Antonieta C para llevarnos a la Universidad. Oficialmente era nuestro primer día laboral. Pasamos brevemente por el Bioterio. Conocimos a Maru y Alejandra en persona.
Nos trasladamos al Auditorio para hacer las pruebas de sonido, luces, cámaras y varios temas más que fueron surgiendo en ese momento. Vanesa, la encargada del Streaming desde que nació ExpoBioterios, coordinaba desde Argentina las acciones conectada vía zoom. Qué lindo se siente estar arriba del escenario mirando las butacas vacías con el micrófono en la mano. Moviendo el cuerpo para un lado y para el otro para ajustar las cámaras y las luces. Y proyectar mentalmente lo que nos esperaba para los siguientes días. Todo salió perfecto por suerte.

Con Hernán nos fuimos a almorzar a un restaurant italiano que en lo sucesivo se transformaría en nuestro lugar de confianza. Nos atendían bien, conocíamos el nombre del mozo (Mauricio), él conocía nuestros gustos y nos traía las cosas antes que las pidiéramos. Todo fluía.
Volvimos al hotel. Nos fuimos para nuestras habitaciones y otra vez la rutina de descansar y trabajar en partes iguales, siempre hay correos para responder, temas por resolver.
En la tardecita llegaban parte de nuestros ponentes provenientes desde España: Sara Ca, Jordi G y Juan R. Como era de suponer vinieron muy cansados y con el horario alterado. Así que decidimos bajar al restaurant del hotel para comer algo. Llegó Martín al hotel. Juan R nos acompañó sin cenar. Y aparecieron Carlos G y José E para hacer el Check-in. Se nos sumaron a la mesa. Compartimos risas, anécdotas, cervezas y comida. Hasta que el mozo nos advirtió que a las 23hs cerraba el resto-bar del hotel. Pagamos y nos fuimos a dormir.
En la mañana nos fuimos a la Universidad, el clima seguía gris, con lluvia. Esta vez el hotel nos apoyó con un transporte para llegar. Se montaron los stands. Los dos Vips junto a la recepción estaban en una zona techada. El resto de los stands junto al Meet&Greet y el Coffe break iban a estar afuera pero dentro de un carpa. La lluvia se puso intensa. En el techo de la carpa ordenaba el agua que bajaba en forma de catarata desde el centro de la entrada. El agua había empezado a entrar a la zona cubierta. Brotaba agua por todos lados. En la zona de stands se estaban empezando a generar pequeñas “lagunas”. Por un momento sentí que todo se derrumbaba. Mañana empezaba el Congreso y pensaba cómo íbamos a hacer con toda esta agua. La gente caminando entre charcos, con los pies mojados, quejándose de la falta de previsión para este clima adverso. Sentí demasiada presión en mi cabeza hasta que tomé la decisión de simplemente olvidarme del tema y rogar que los astros se pongan de nuestro lado para la inauguración.





El martes llegaban nuestros becados, ellos iban a estar alojados en el mismo hotel. Gracias al apoyo de Laboratory Animals podíamos ofrecerles la inscripción y el hotel sin costo por tres días. Venían desde Costa Rica (Jenniffer, Jimena, Melissa, Maricruz y Aarón), Colombia (Daneiva, Rubén y Luis), Paraguay (Nilda y Alicia), Honduras (Amelia) y Cuba (Dasha y Dairy). También llegaba Jordi T, que venía desde Ciudad de México, ya había aterrizado su avión en México un par de días atrás.
Teníamos invitaciones para ir a ver a la Filarmónica de Querétaro, que casualmente tocaban en el mismo auditorio donde mañana se alojaría la ExpoBioterios 2025. Salimos del hotel con Jordi G, Jordi T, Sara C, Juan R, Hernán S y yo. Llegamos unos minutos tarde, entramos al auditorio en silencio y nos acomodamos para disfrutar del Concierto. Después de tanta ansiedad y estrés fue una buena idea dejarse llevar por la música para armonizar el ánimo. Fue una experiencia extraordinaria. Un lujo.

Desde allí nos fuimos caminando hasta un restaurant de pizzas y pasta que se llamaba Emilio's. Me pedí una pizza de cuatro quesos, algunos que desconocía. La pizza era bastante grande para mi solo. No la pude terminar. Nos volvimos caminando hasta el hotel. La lluvia había cesado. Era una buena señal. Me quedé en la habitación hasta tarde. Me probé la ropa que iba a usar mañana. Quería que sea algo cómodo y que me diera seguridad. Cuando encontré la combinación ideal me fui a dormir.












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